Fachadas y Azoteas
Ayer por la noche, mientras paseaba por Sevilla, me encontré en la plaza Santa Isabel, una agradable sorpresa: un recital de poesía callejero.
En esta preciosa plaza, entre las iglesias de San Marcos y Santa Isabel, en un pequeño escenario, estaba sentada una mujer caracol y de las ventanas de la fachada que hacía de telón de fondo, colgaban desparramadas las cabezas de una legión de soldados de trapo. Sobre esta fachada blanca y albero de Sevilla, se estaban proyectando bellas imágenes de cielos en movimiento. La música acompañaba suavemente a los poetas.
La poetisa, puso voz al clamor hondo y quedo, de los peces, que de noche, llamaban a su puerta. Legiones de peces, que desde el otro lado, le reclamaban una respuesta, abriendo y cerrando sus bocas, con sorda insistencia. Pero ella, ¡no tenía alas para todos! Quizás, si dejara de respirar… ellos no la sentirían, no notarían su cuerpo henchido de oxígeno…quizás…sólo quizás.
Ayer, la plaza de Santa Isabel, no pertenecía a este mundo. Imágenes oníricas volaban en la brisa nocturna, bailando al ritmo de las guitarras. La arquitectura ayer fue marco incomparable y acogedor. ¿Qué función tiene una fachada? La fachada de la casa parroquial de San Marcos fue ayer soporte, telón visual y sonoro, palpitación de imágenes y toda la plaza: espacio de relación. Desde aquí un aplauso a la plataforma PLACA de Artistas Chilango Andaluces y una reflexión acerca de lo que esperamos y para qué proyectamos nuestros edificios.
Recordé más tarde, al volver hacia casa, un concurso que se convocó en Las Palmas de Gan Canaria “Las Palmas está mal de la azotea”, reclamando estos espacios semipúblicos, de relación de las viviendas tradicionales del Sur: las azoteas.
“En ellas y entre ellas se entretejen espacios para la contemplación individual y para la relación familiar, lugares para el encuentro social e intergeneracional. Estos espacios, sin embargo, experimentan de un tiempo a esta parte un declive considerable
con respecto a lo que en su día fueron. Por otra parte la normativa en determinadas zonas de las islas (…) no promueve la construcción de este modelo de cubierta”
Se reclamaba desde el certamen la participación social, el debate, con objeto de recuperar este elemento arquitectónico tradicional de Canarias. De Canarias y de Andalucía. No es raro, que paseando por las calles de Sevilla, mirando hacia arriba, percibas la luz, los reflejos de una película proyectada en una azotea, vista entre amigos, una noche cualquiera.
Las azoteas constituyen un espacio compartido, soñador e idealista de quien observa la ciudad bocabajo desde los tejados y a la vez cotilla y con aroma de puchero, llenas de pinzas de ropa perdidas y sábanas voladoras. Las azoteas son la cuarta dimensión de las viviendas, zona límite de un espacio público ambiguo, multiuso, poblado de olores caseros.
Las fachadas y las azoteas reinventándose, como toda la arquitectura actual. En los intersticios entre edificios, aparecen espontáneamente los nuevos usos, conviviendo con los antiguos. Habrá que darles alas, como a los peces del cuento, impulsarlos y mimarlos con políticas innovadoras como el concurso de Las Palmas, suavemente arroparlos, mantenerlos vivos, quererlos.