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Con la tarde ubérrima en los ojos

Hasta el 18 de Octubre, puede verse en el Barbican Art Gallery la exposición Radical nature. Como obra desarrollada al aire libre, pero perteneciente y ligada a esta exposición, debe entenderse la actuación de Danston mill, que recrea la que tuvo lugar  en 1982, cuando Agnes Denes  plantó en el centro de Manhattan un campo de trigo, queriendo confrontar lo urbano y lo rural.

En esta iniciativa han colaborado Denes, el colectivo EXYZT, la Barbican Art Gallery junto con comunidades locales.

 

En el espacio de una vía de tren en desuso, se plantó un campo de trigo de una longitud de 20m de largo, que creció durante tres semanas. A principios de Julio, el colectivo EXYZT comenzó la construcción efímera de un molino de viento, realizado con estructura de andamiaje, de 16m de altura y dos plantas en las cuales se ubican un bar-cocina, un comedor y una zona de talleres.

Podéis ver las fotos:

http://www.arplus.com/5077/the-dalston-mill-london-by-exyzt/

 

Con el trigo recogido y molido con ayuda del molino, se hornearán distintos tipos de panes que los vecinos de la zona pueden aprender a hacer en los talleres.

 

De esta manera, se devuelve a las personas, el espacio público robado, ocupado por la instalación, al tiempo que se deja que el arte invada la calle.

También se insta a los vecinos a participar, a hacer uso de su espacio público, en estos tiempos en los que los espacios de relación se están quedando vacíos.

 

Os dejo el vídeo en el que Nicolas Henninger, del colectivo EXYZT, explica la experiencia y os transcribo, la parte VII del poema de Antonio Machado “Olivo del camino” para recrear aquí, recordar, casi tocar la texturas del campo, sentir el penetrante olor de los higos, el tacto del pan enharinado, observar los huesudos bueyes rojos… e insistir con ello, en el dualismo campo-ciudad. Porque esta actuación me parece todo un poema urbano.

 

Fuentes: aulabierta

              hackneycitizen

 

Olivo del camino

(A la memoria de D. Cristóbal Torres)

 

(…)

                VII

  La madre de la bella Proserpina

trocó en moreno grano,

para el sabroso pan de blanca harina,

aguas de abril y soles de verano.

  Trigales y trigales ha corrido

la rubia diosa de la hoz dorada,

y del campo a las eras del ejido,

con sus montes de mies agavillada,

llegaron los huesudos bueyes rojos,

la testa dolorida al yugo atada,

y con la tarde ubérrima en los ojos.

  De segados trigales y alcaceles

hizo el fuego sequizos rastrojales;

en el huerto rezuma el higo mieles,

cuelga la oronda pera en los perales,

hay en las vides rubios moscateles,

y racimos de rosa en los parrales

que festonan la blanca almacería

de los huertos. Ya irá de glauca a bruna,

por llano, loma, alcor y serranía,

de los verdes olivos la aceituna...

  Tu fruto, ¡oh polvoriento del camino

árbol ahíto de la estiva llama!,

no estrujarán las piedras del molino,

aguardará la fiesta, en la alta rama,

del alegre zorzal, o el estornino

lo llevará en su pico, alborozado.

  Que en tu ramaje luzca, árbol sagrado,

bajo la luna llena,

el ojo encandilado

del búho insomne de la sabia Atena.

  Y que la diosa de la hoz bruñida

y de la adusta frente

materna sed y angustia de uranida

traiga a tu sombra, olivo de la fuente.

  Y con tus ramas la divina hoguera

encienda en un hogar del campo mío,

por donde tuerce perezoso un río

que toda la campiña hace ribera

antes que un pueblo, hacia la mar, navío.

 Antonio Machado.

 

 

 

 

 

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